Probé Bayonetta en Barcelona y ractifiqué mi sentimiento. Mis ganas de jugar a este juego sólo es comparable al amor que esconde detrás. Para muchos sobrevalorado, para otros incomprendido, para mi un juego necesario para un género estancado.

Esencia Capcom

Me encanta Capcom, y cuento sus sagas como glorias que me han dejado horas de diversión y fascinación por el arte japonés que escondían detrás. Tuvo en los años del apogeo de PlayStation 2 una segunda juventud que llegó hasta los inicios de esta generación con Lost Planet y Dead Rising. Esos años se cuentan por sagas de nueva cuña que bien valen su peso en oro: Okami, God Hand, Viewtiful Joe, Onimusha, Chaos Legion, Devil May Cry y el incomprendido Shadow of Rome.

Tristemente, y sin explicación, muchas cabezas pensantes de Capcom se fueron. La genial Clover se deshizo como un cubito de hielo en la mina Goron, se perdieron algunos genios como Shinji Mikami y se olvidaron tiempos en los que el arte se sobreponía al negocio y el éxito principal era la calidad de sus títulos.

Bayonetta es un resultado de lo que queda de aquello. Por más que Shinji Mikami no quiera reconocerlo, Bayonetta (y MadWorld) es la continuación de esa forma de tratar el desarrollo de los videojuegos, Bayonetta es la evolución natural de Devil May  Cry. El juego que todos los amantes de las aventuras de Devil May Cry esperamos en este nueva generación y que nunca apareció. Por suerte Platinum Games rinde cuentas con los suyos y cuando lo hace, lo hace con un broche de oro.

Bayonetta, juegazo

Pocas veces puedo decir tan convencido juegazo. Juegazo. Porque si ya lo sentí con Dead Rising, Gears of War, Super Mario Galaxy, Metal Gear Solid 4 y en última instancia con Dead Space, ahora lo siento con la misma fuerza con Bayonetta.

Repite la fórmula de Devil May Cry, sí, pero desde luego todos los elementos han sido potenciados. Desde los gráficos, hasta la banda sonora, pasando por la jugabilidad y un personaje que destila todo el erotismo hentai en un modelado 3D.

En la presentación en Barcelona, injusta por no poder disfrutar de las bondades gráficas de Bayonetta como se merece, pudimos ver algunas fases más avanzadas que las que vienen en la demo. El arte y el mimo era patente en cada fase, y la historia promete no ser superflua ni rasposa: va a tener un guión por el que liarse a tortas tenga algún sentido.

En ese equilibrio entre el bien y el mal, nuestra bruja Bayonetta tendrá un papel determinante para que el caos no se apodere del mundo. Así la galería de combos deberá ser mostrada, recordando antiguas habilidades para sortear los peligros y dificultades del escenario.

En las fases mostradas se requerían un poco más de maña (nivel normal) para eliminar unos simples angelillos ígneos, después teníamos que correr para no ser arrastrados por una marea de lava para, finalmente, escalar corriendo una iglesia y ponernos a salvo de peligro, no sin antes enfrentarnos a un medio-jefe en forma de Cerbero de fuego.

La única razón por la que no debas jugar a Bayonetta es que lo confundas con un machacabotones (que no lo es, y menos que nunca precisamente) y porque este género de juegos de acción en tercera persona no te tire. La otra excusa es que no tengas una PlayStation 3 o Xbox 360 para disfrutar del juego.

Dentro de unas semanas nos llegará a casa la versión review y entonces os contaré como de fuerte hay que darle las gracias a Platinum Games por seguir concibiendo los videojuegos desde una perspectiva evolucionista, tratándolos como lo que son: arte.