MODUS LOGON 01

Ese monstruo que es la industria nunca deja de moverse.

Muchas veces son pasos lentos, ni nos damos cuenta que están ahí cuando ya los tenemos encima, y al igual que ese gigante se adapta a nosotros, a nuestros gustos y caprichos, nosotros debemos amoldarnos a ese mastodonte que, como ya sabrá más de uno, se arrastra al ritmo casual, porque los hardcores somos y siempre seremos minoría.

La industria del videojuego podría ser un perfecto ejemplo de este tipo de movimientos. Un día triunfan los gráficos punteros, los modelados perfectos y unas texturas tan definidas que dejen ver hasta los poros de la nariz del personaje en cuestión. Otro día todo eso no vale, no vende, porque “los pobres” saben buscarse la vida y se sacan de la manga un sensor de movimiento que lo cambia todo.

Así que nos encontramos con dos caminos:

Por un lado la superproducción millonaria, los presupuestos estratosféricos para crear una franquicia con unos valores de producción altísimos, una campaña de marketing mundial y varios años de desarrollo y esfuerzo. Todo por destacar, conseguir que el impacto sea tal que el público pida más, las segundas, terceras y enésimas partes vengan como roscas y se recupere la inversión reciclando motor gráfico y exprimiento la naranja hasta la extenuación.

Por otro, compañías que se arriesgan, no se limitan a coger el sistema de coberturas de X, las plataformas de Y y la estética de Z para vendérnoslo como el juego definitivo. Son creativos, y su único objetivo es hacer del juego un arte, sorprendernos.

Es triste, pero lo que vende es el primer grupo.

Y con esto no quiero menospreciarlos. Ahí están los Bioshock, Assassin’s, Modern Warfare o Uncharted. La experiencia nos dice que una vez triunfan, se venden sólos, independientemente de si las mejoras de las versiones subsiguientes alcanzan la calidad mínima. El riesgo es alto si la cosa sale mal y un solo proyecto fallido puede dejar en la cuneta a cualquiera.

El modelo funciona y cada vez son más las compañías que multiplican los presupuestos de sus juegos. La competencia es feroz y recuperar la inversión se torna en una empresa cada vez más peliaguda...

Ahí están las cabezas pensantes dándole al coco, encontrando nuevas fórmulas para seguir obteniendo beneficios por sus juegos una vez salen al mercado. Ya no es sólo vernos inundados secuelas, precuelas y hasta lentejuelas. Ediciones de coleccionista, micropagos, descargas de contenido, reediciones…, ahora te cobro por dos trajes, te incluyo un modo de juego alternativo, ahora te añado un par de mapas multijugador (sin duda el mundo online es el más expandible en ese sentido, un filón que nadie quiere perderse) que después te incluiré en formato físico como edición Gold…

Y nosotros caemos. A veces nos gusta tanto el juego que no le podemos decir que no a una expansión. Pronto nos sorprenderemos jugando a la octava parte del enésimo juego de acción con nuestro traje-armadura dorada recién comprado que también luce nuestro avatar mientras aniquilamos hordas de zombies saltarines dejando tras de sí una valla de publicidad. Con una terrible sensación de dejà vu.

Por suerte, siempre nos quedará Nintendo.